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Mi princesa: Por Luis Villegas Montes

Fecha/hora de publicación: 23 de septiembre de 2017 11:24:02

Con toda la malevolencia de que soy capaz —ni es tanta— he titulado estos párrafos con el encabezado anterior. Explícome:

En un artículo previo me dolía de que, en el uso del lenguaje cotidiano, cualquier mentecato puede reconvenirlo a uno por sus creencias religiosas; la puerta está abierta para la descalificación a partir de pseudorazonamientos "científicos" o "racionales".

Otro tanto ocurre con ese feminismo recalcitrante que en gestos tan nimios como abrirle la puerta a una mujer por parte de un varón (de "damas" y "caballeros" ni hablar) ven un resabio de machismo malamansado que requiere, ipso facto, la reeducación del interfecto. La semana pasada leí un post idiota que clama porque eduquemos a los hombres para que no maten mujeres; estoy de acuerdo en que resulta imprescindible poner manos a la obra; y juntito a ese curso, enseguidita, organizar otro para educar a las mujeres a fin de que no caigan en las garras del primer imbécil que pasa y les cierra un ojo; que aprendan a calcular bien los qués, los cómos y los cuándos; y al primer amago de violencia pongan pies en polvorosa o se agarren a madrazos. Pues bien, estupideces de ese tipo —que sólo reparan en un lado del asunto y suelen culpar a los hombres (machos: ¡auuuuuuuu!)— abundan; me parece el colmo empezar a generalizar a partir de casos aislados; sentar esclarecedoras verdades universales a partir de inferencias más o menos caprichosas.

Yo crie una niña a la que jamás me cansé de decirle: "Mi Princesa" y eso no le provocó ningún retraso mental; ella misma asume, tiene ya 21 añitos, que era de un modo y la madurez la ha ido transformando en alguien distinta de la que solía ser: anoche, Mi Princesa y yo sostuvimos una charla sobre los experimentos nucleares de Corea del Norte; me llenó de júbilo y azoro, por igual, escuchar su escepticismo respecto de las implicaciones geopolíticas de la demencia de Kim Jong-un; hablábamos de la alianza estratégica con China y de cómo ésta se resiste a intervenir en la disputa que sostienen el líder norcoreano y el orate de Trump (lo de "par de locos" lo dijo Mi Princesa, no yo; conste). Mi Princesa estaba enterada del amago perpetrado contra Japón de hace semanas;1 y estaba inquieta por ese clima de tensa calma; también está al tanto de lo que ocurre en México y en Chihuahua, de las desgracias que nos afligen en esta hora aciaga.

Mi Princesa estudia, va a la universidad; sufraga parcialmente sus gastos, da clases de inglés; y la única locura que le sé es ésa de que dejó a Silvan, su novio francés; tiemblo de pensar que se vaya a enamorar de un chino (¡qué cosas tan feas!) —Ya, ya, sé que el comentario se lee xenófobo; sirva para compensarlo el hecho de que es el mismo que repito todas las mañanas frente al espejo—.

Como sea, Mi Princesa no está imbécil porque creció en un hogar con roles claramente diferenciados —ni Luis o Adolfo son brutos que escupen de lado por una de las comisuras mientras muerden un palillo, intentan "ligar" a cuanta mujer se les contonea enfrente y se frotan "el paquete"—; tampoco la inteligencia natural de Mi Princesa se vio mermada porque desde el día en que nació se le dio un trato de "niña"; casualmente, ¿saben?, Mi Princesa era una niña para ese entonces; así como ahora es una mujer; y esa certeza, no le ha generado ningún conflicto, ni trastorno de la personalidad, ni la ha limitado o impedido para comenzar a autodefinirse, ni provocado incontinencia (digo, es que son tantas las posibilidades).

Mi Princesa es una mujer que se descubre a diario a sí misma y enchinarse las pestañas o usar toneladas de acondicionador para el pelo —porque lo tiene largo y hermoso— no le mata neuronas. En realidad me preocupan más esas personas, mujeres o no, que en gestos nimios, banales e inocuos, reconocen un ataque furibundo o cuando menos un agravio en marcha a su modo de ser o entender la vida; creo que es un síntoma de inseguridad galopante, militante amargura o estupidez lisa y llana. ¡'Ora resulta que para estar mentalmente sano necesito usar falda! (de eso tratan de convencernos).

Por lo pronto, confío en que Mi Princesa siga siéndolo por muchos años; y que mis dos nietas sean princesas también y eso no constituya un impedimento para que se realicen como seres humanos; que las tres crezcan fuertes y emocionalmente sanas, puedan ponerle un alto al primer pelafustán que les falte al respeto y, algún día, sean capaces de decirle "Mi Princesa" a una lindura que nos perpetúe en el amor.

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Columnas de El Chilero
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Para los externos al proyecto de nación promovido por Andrés Manuel, proclives al bipartidismo que siempre ha predominado en México, entiendo su crítica y modus operandi, es estratégica su forma de actuar y la desestabilización de Morena podría redundarles a ellos en cierto beneficio personal o grupal. Pero lo que sí de plano no concibo ni como estratégico ni conveniente para que el proyecto pueda rendir los frutos requeridos en Chihuahua es que propios hagan señalamientos sin sustento, sobretodo contraviniendo al líder nacional en cuanto a las candidaturas ciudadanas, en cuanto a la participación de liderazgos externos que si bien tomamos parte activamente unos, como colaboradores otros, no pretendemos generar nuestro capital político a costa dé sino al contrario sumar el poco o mucho arrastre que traigamos, porque estamos convencidos de la propuesta de López Obrador, y de la gran posibilidad que se presenta para los mexicanos en el 2018 si nos unimos en un propósito común.



Esa es la naturaleza de las campañas políticas, que desde el comienzo de estas los aspirantes deben mostrarse con un buen impermeable y piel dura para aguantar una sarta de mentiras y calumnias directas, las crudas verdades (aunque por lo regular verdades a medias o tergiversadas); la que se conoce como una campaña de desprestigio a la que tienen que enfrentarse quienes buscan un cargo público, lo sé por experiencia y puedo decir sin equivocación que entrar en el contexto de una campaña política en México es un riesgo inminente, no para los políticos decentes y buenos, que no están excentos en ningún momento de señalamientos falsos, al contrario, en ocasiones son más susceptibles debido a su condición, que en términos llanos podemos decir: sin cola que les pisen.



Estas acciones se presentaron dentro de las oficinas del Ministerio Público de ciudad Jiménez, sin que ninguna autoridad interviniera, dejando a la señora en manos de su hermano, quien además no dejaba de gritarle.



Lo menos que se pidió en redes para Willy, "El Furioso", es que lo quemen en leña verde; no me cabe la menor duda de que, si cometió un delito debe ser sancionado por ello. Definitivamente y sin excusas ni demoras; pero de ahí, a que una panda de subnormales, con argumentos que van del Código Penal a la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia o la Convención Interamericana "Belém Do Pará", ya hayan juzgado y condenado a Willy es mucho decir. Willy —ni más ni menos, como cualquier otro ser humano— merece un juicio justo, donde se respeten las formalidades esenciales del procedimiento y se presuma su inocencia hasta que no se pruebe lo contrario. De proceder de otro modo, estamos incurriendo de manera flagrante en ese mal que pretendemos erradicar: el abuso, la intolerancia, la inequidad, la injusticia y la impunidad.


 
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